Geboren in Córdoba, Argentinien, lebte lange Zeit in Spanien und lebt nun in Deutschland. Er ist Schriftsteller, Autor von Romanen und Kurzgeschichten, Regisseur und Professor für Film. Seine Geschichten erscheinen regelmäßig in renommierten Zeitschriften, Anthologien und Literaturmagazinen in Spanien, Argentinien, Mexiko, Chile, Peru, Kanada, USA, Italien, Frankreich und Deutschland. Er studierte Bildende Kunst an der Kunsthochschule Emilio Caraffa in Cosquín, Córdoba, Argentinien.

Natural de Córdoba, Argentina, ha vivido en España y actualmente reside en Alemania. Es autor de relatos, novelista, director y profesor de cine. Sus cuentos aparecen habitualmente en prestigiosos periódicos, antologías y revistas literarias de España, Argentina, México, Chile, Perú, Canadá, Estados Unidos, Italia, Francia y Alemania. Ha cursado Bellas Artes en la Escuela de Artes Emilio Caraffa de Cosquín, Córdoba, Argentina.

Norberto Luis Romero is an Argentine, now a citizen of Spain presently living in Germany. He writes a wide range of fiction -from realistic to extreme fantasy. His stories have been published in Spain, Argentine, France, Italy, Canada and the United States. This is his first book-length collection to appear in English. He writes a wide range of fiction- from realistic to extreme fantasy.

Originario di Cordoba (Argentina), risiede in Spagna dal 1975. La sua opera letteraria, che comprende racconti e romanzi, ha ricevuto riconoscimenti per lo stile diretto e agile e per le sue sorprendenti tematiche, mai convenzionali e sempre molto coraggiose.

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24.5.15

EL TERROR DE LA MANO DE JOSÉ LUIS FERNÁNDEZ ARELLANO

"Escribir cuentos no tiene el menor sentido, pero yo no puedo dejar de hacerlo" 

José Miguel Vilar-Bou entrevista a José Luis fernández Arellano en El Diario.Es  de Murcia


19.1.14

Un cuento de H.E.Francis


Como era su costumbre, en cada uno de sus viajes a Madrid, escribiendo toda la mañana en el Café Comercial.


SENTADOS

Por la mañana, un hombre y una mujer estaban sentados en los peldaños de la entrada. Permanecieron allí todo el día, sin moverse.
Con regularidad metronómica él los espiaba a través del vidrio de la puerta de la calle.
Tampoco se fueron al anochecer. El dueño de casa se preguntaba cuándo comerían o dormirían o harían sus necesidades.
Al alba todavía estaban sentados en el mismo sitio y allí permane­cieron, bajo el sol y después bajo la lluvia.
Al principio solo acudieron los vecinos más próximos. ¿Quiénes son? ¿Qué hacen allí?, preguntaban.
Él no sabí.
Después llamaron a la puerta vecinos más distantes y hasta transeún­tes que los habían visto al pasar.
Nunca los oyó hablar.
Cuando empezó a llegar gente de todos los puntos de la ciudad -extranjeros y curas, profesionales y empleados, basureros y vendedores- y hasta se mostró curioso el cartero, que tenía que eludirlos para entregar la correspondencia, el dueño de casa pensó que tenía que hacer algo.
Les pidió que se fueran.
El hombre y la mujer no dijeron nada. Permanecieron sentados con ex­presión indiferente.
Entonces llamó a la policía.
El policía les dio un sermón, les explicó cuáles eran los límites de sus derechos y se los llevó en el patrullero.
A la mañana siguiente estaban de vuelta.
Cuando llamó por segunda vez a la policía le dijeron que los lleva­rían a la cárcel si las cárceles no estuvieran tan llenas; pero que si él insistía tendrían que hacerles un lugar.
Eso es problema de ustedes -dijo el dueño de casa.
No, en realidad es problema suyo -dijo el policía. Con todo, se los llevaron.
A la mañana siguiente espió hacia afuera: el hombre y la mujer esta­ban sentados en los peldaños de la entrada.
Permanecieron sentados allí durante años.
Todos los inviernos el hombre que moraba en la casa esperaba que mu­riesen de frío.
Pero quien murió fue él.
Como no tenía parientes, la casa paso a poder del ayuntamiento.
El hombre y la mujer siguieron sentados en el mismo sitio.
Cuando el ayuntamiento amenazó con echarlos, vecinos y ciudadanos iniciaron litigio contra las autoridades, afirmando que después de per­manecer tanto tiempo sentados allí el hombre y la mujer tenían derecho a la casa.
Los demandantes ganaron el pleito y el hombre y la mujer tomaron posesión de la casa.
A la mañana siguiente miles de parejas desconocidas estaban sentadas en los peldaños de entrada de miles de viviendas, en toda la ciudad.

Traducción del inglés de Ofelia Castillo.

Corrección de estilo de Norberto Luis Romero.

9.1.12

Un cuento de Karim Shaker


EL OLOR DE LA CARNE HUMANA

Vivo en la misma casa desde hace mucho tiempo. El barrio, una zona bastante normal. Cada día no se mudan nuevos vecinos a la casa de enfrente. Hoy sí. No he podido ver a ninguno, pero se que son una familia numerosa: Un padre, una madre, y tres hijos. Me lo han dicho.

Esta noche iré a visitarlos. No soporto vivir enfrente de alguien y no conocerle. Es una mierda. Antes no era así. Todos nos conocíamos, nos llamábamos por nuestro nombre. Eso es de ser personas.

Llevo aquí dos horas. No me he movido de la ventana. Nada.

Ahora se enciende una luz. Están dentro. ¿A que huele? No importa. Sigo en la ventana. Enciendo un cigarrillo.

Una calada, dos. Lo tiro. Es malo. Tengo sed, pero no bebo. Se acerca un perro a la puerta. ¿Lo huele? Sí, lo esta oliendo. Un niño lo llama. Adiós perro. Va a ser la hora. Se apaga la luz, se enciende otra en el piso de abajo. Se apaga esa luz, no se enciende ninguna otra. Están en el sótano. Me lo han dicho. ¿Que están haciendo? Mi mente no puede pensar. Tengo sed, en algún rincón oigo un grifo que gotea. Eso me da más sed. Es la hora. Tengo que ir. ¡Tengo que ir ya! No, espera. Luz. Abajo. Ahora se apaga. Se enciende arriba, justo en la ventana de enfrente. Una silueta. Un resplandor; Una cerilla. Se ha encendido un cigarrillo. Fulgor: una calada. Otro fulgor: otra calada. Lo tira. ¿Qué? Otro perro. ¡No!, es el mismo perro. Huele otra vez. El mismo niño lo llama. Tengo mucha sed. Esos grifos, tenía que haberlos arreglado. El olor es tan fuerte. ¡Se apaga la luz!, se enciende otra abajo. Se apaga esa luz. Se abre la puerta. Alguien sale despacio de la casa. Cruza la calle. Entro en casa. Ese olor. Ahora lo sé. Son cinco. Me lo han dicho. Un padre, una madre y tres hijos.

Esta noche iré a visitarlos.

6.11.11

UN MICRO DE ROSALBA CAMPRA.


"Decir no"

Asterión descubre, escrito en el libro que todo laberinto custodia, que para salir del laberinto basta negarlo, y que en el laberinto mismo está la negación.Entonces empieza a borrar. Borra la A, la B, la E, la I, la L, la R, la T.
Quedan dos letras. Incrédulo, musita la palabra que han formado. El eco le devuelve un fragor de derrumbe.
Ya sin muros que lo resguarden, en torno a él ve la inmensa redondez de la pampa o, en otras versiones, la repetición igualmente sin salida del damero que dibujan los rascacielos.

ROSALBA CAMPRA nació en Córdoba (Argentina), cursó estudios universitarios en Córdoba, Nancy, París y Roma, donde reside actualmente. Como docente de Literatura Hispanoamericana ha sido catedrática en La Sapienza Università di Roma y dictado cursos y seminarios en las universidades de Beijing,  Chicago, City University of New York, Córdoba, Guadalajara, La Habana, Stanford, etc.
Entre sus textos de ficción se cuentan la novela Los años del arcángel  (Córdoba 1998), los libros de relatos Formas de la memoria (1989, Madrid 2009), Herencias (Córdoba 2002), Ciudades para errantes (Córdoba 2007, microrelatos y poemas), Ella contaba cuentos chinos (Madrid 2008). Sus textos figuran en numerosas antologías y revistas literarias de América Latina, Europa y Estados Unidos.
De sus numerosos trabajos de teoría y crítica, hacemos  referencia a la literatura hispanoamericana de los siglos XIX y XX, se cuentan La selva en el damero: espacio literario y espacio urbano en América latina (coord., Pisa 1989); “Como con bronca y junando”... La retórica del tango (Buenos Aires 1996); América Latina: la identidad y la máscara (México 1998); Il genere dei sogni (coord., con F. Rodríguez Amaya, Bergamo 2005); Territorios de la ficción. Lo fantástico (Sevilla 2008); Cortázar para cómplices (Madrid 2009).
De más difícil clasificación resultan sus libros-objeto y otras obras: libros antiguos vaciados, modificados, utilizados como soporte para nuevas imágenes y nuevas escrituras. O bien libros plegados en fuelle a la manera de los códices precolombinos. O bien folios sueltos, como si se tratara de los restos de un volumen imposible de reconstruir. De este tipo de obras, presentadas en exposiciones en Europa y América Latina se han publicado Constancias (Roma, 1997); Nel libro della memoria, parcialmente en el catálogo de Femminile altrove (Roma 2000);  The book of Labyrinths (Madrid 2008).

23.10.11

Micro ganador del "Getafe Negro", de Ataúlfo Gamonal Coto

Sin fumata

El comandante de la Guardia Suiza nunca llegó a cruzar el umbral. Se lo impidió el camarlengo: «No es más que una indisposición, vuelva a dormir».
Se retiró pero no pudo descansar; recordaba el desasosiego en el rostro de la monja que salió de la cámara cuando él acudió, el gesto demasiado autoritario del camarlengo y, durante largo tiempo, sintió un inusual movimiento por los pasillos. No debo preocuparme, se decía, mis hombres me alertarán si es preciso.
Al amanecer, mucho más temprano que de costumbre, pasó por el cuerpo de guardia y examinó todas las incidencias de la noche: habían utilizado el Passetto di Borgo para traer un doctor. Después, como cada mañana, acudió a la misa papal. Su Santidad parecía totalmente recuperado y aquella voz que tanta bondad trasmitía fue calmando su corazón. Cuando se volvió y dijo «Ite missa est», sus ojos se cruzaron y el comandante no pudo evitar un escalofrío.

16.12.10

Un micro de Ataulfo Gamonal

NÁUFRAGOS





Durante muchos días, el cielo completamente azul fue a nuestra esperanza lo que el ácido sulfúrico a los metales. En mis delirios, comencé a comprender a los vampiros.
Por fin, llovió; pero yo ya había cambiado.

13.7.10

Un micro de Roberto Malo

LA DISTANCIA NO ENGAÑA

Las caras de los dos niños estaban aplastadas contra una de las ventanillas del avión.

-Mira, qué pequeña se ve la ciudad –decía uno de los niños mientras la sobrevolaban.

-Sí, desde aquí las personas parecen hormiguitas –asintió el otro.

Al mismo tiempo, las hormigas gigantes que se habían apoderado de la ciudad miraban expectantes el gran avión de pasajeros que surcaba el cielo azul.

9.6.10

Un cuento de Carlos Manzano

LA FOTOGRAFÍA 
Miro la fotografía como si fuese el último eslabón que me une a la vida, como si no me quedara nada más que eso: su imagen perfecta, su belleza inmarcesible, su sonrisa eterna.
No me conformo con pensar que al menos durante un tiempo hemos llegado a compartir algo, que su vida y la mía han oscilado sobre un mismo eje, que hemos asumido un proyecto común –un proyecto minúsculo si se quiere, puede que hasta insignificante, pero tan real y tan vivo como mi deseo lacerado y brutal–. Cuando por fin decidió que se iba, que me dejaba aquí solo y abandonado, cuando se convenció de que ya no podía ofrecerle nada más, supe que con ella se iban también todos mis sueños esquivos de adolescente, mis ansias de pasión y de vida, mi futuro ya para siempre extraviado. Otra vez –una vez más, diría yo– me quedaba a solas con mi cámara, el más fiel de mis compañeros, el único ser que nunca me ha fallado y que jamás lo hará.
Ahora tendré que acostumbrarme de nuevo a los silencios de este viejo estudio, a mi minúscula vida de fotógrafo de barrio, reconocerme en el tipo vacío y ajado que era antes de que ella entrara por la puerta. Mucho me temo que hasta dentro de algunos meses ya no necesite hacerse más fotos de carné.
De: afinidades narrativas con la autorización del autor.