Geboren in Córdoba, Argentinien, lebte lange Zeit in Spanien und lebt nun in Deutschland. Er ist Schriftsteller, Autor von Romanen und Kurzgeschichten, Regisseur und Professor für Film. Seine Geschichten erscheinen regelmäßig in renommierten Zeitschriften, Anthologien und Literaturmagazinen in Spanien, Argentinien, Mexiko, Chile, Peru, Kanada, USA, Italien, Frankreich und Deutschland. Er studierte Bildende Kunst an der Kunsthochschule Emilio Caraffa in Cosquín, Córdoba, Argentinien.

Natural de Córdoba, Argentina, ha vivido en España y actualmente reside en Alemania. Es autor de relatos, novelista, director y profesor de cine. Sus cuentos aparecen habitualmente en prestigiosos periódicos, antologías y revistas literarias de España, Argentina, México, Chile, Perú, Canadá, Estados Unidos, Italia, Francia y Alemania. Ha cursado Bellas Artes en la Escuela de Artes Emilio Caraffa de Cosquín, Córdoba, Argentina.

Norberto Luis Romero is an Argentine, now a citizen of Spain presently living in Germany. He writes a wide range of fiction -from realistic to extreme fantasy. His stories have been published in Spain, Argentine, France, Italy, Canada and the United States. This is his first book-length collection to appear in English. He writes a wide range of fiction- from realistic to extreme fantasy.

Originario di Cordoba (Argentina), risiede in Spagna dal 1975. La sua opera letteraria, che comprende racconti e romanzi, ha ricevuto riconoscimenti per lo stile diretto e agile e per le sue sorprendenti tematiche, mai convenzionali e sempre molto coraggiose.

24.6.13

ENTREVISTA POR EMANUELA GUARNIERI A PROPÓSITO DE "ISTANTANEE D'INQUIETUDINE"


Cultura a ilroma@net, Roma, 22 de mayo de 2013. Emanuela Guarnieri
IRONÍA Y SUEÑO EN LOS CUENTOS DE NORBERTO LUIS ROMERO

La editorial Arcoiris ha traducido al italiano una colección de cuentos suyos con el título Istantanee d' inquietudine ¿Cree que el cuento sea más idóneo que la novela para expresar las sensaciones de angustia, terror y ansiedad?

Tanto en la novela como en el cuento las sensaciones a transmitir al lector deben darse de forma creciente para lograr lo que llamamos en la novela la “epifanía”, es decir, la resolución de esas sensaciones en toda su intensidad; obviamente, es casi imposible mantener a lo largo de una novela un constante crecimiento de emociones o sensaciones, de modo que éstas deben administrarse con economía, evitando altibajos, de forma creciente hasta culminar al final de la narración. Dado que el cuento es una forma breve, resulta posible o más fácil mantener esta tensión a lo largo del texto sin que se debilite hasta llevarla a la eclosión final. Pero esto no significa que una modalidad sea más idónea que la otra, ambas son igualmente efectivas si se sabe cómo hacerlo.

En unos cuentos suyos, por ejemplo en Epifite, parece evidente el homenaje a Julio Cortázar. ¿Cuáles son los otros autores que considera como sus maestros?

Pueden rastrearse a lo largo de mis textos y de mi trayectoria profesional los diferentes autores a los que he admirado o admiro y que, de una manera consciente o inconsciente, han dejado su huella. Ocurre que con el paso del tiempo y con el trabajo constante, el escritor va adquiriendo cada vez con mayor intensidad una voz propia donde se diluyen las voces de los autores que lo han alimentado, es entonces cuando puede rendir homenajes a algunos de estos sin verse contaminado, homenajes sí, pero con voz y estilo propios. Mis maestros han sido fundamentalmente los narradores latinoamericanos y anglosajones clásicos, pero quienes más directamente me han enseñado fueron Daniel Moyano, Julio Cortázar, J. L. Borges, García Márquez, etc. Ocurre que no necesariamente he aprendido y aprendo de un autor en general, a veces basta con una sola de sus obras, un capítulo, un párrafo, un adjetivo colocado de forma estratégica y unívoca.

¿Qué importancia tiene lo onírico en sus cuentos?

Es evidente que en mis cuentos y novelas lo onírico es muy importante cuando no fundamental. El mundo de los sueños es la alternativa feliz a la vigilia con toda su crudeza y dolor; es también un elemento más para la construcción de los mundos distópicos en los que me muevo con soltura y donde incorporo mis alternativas al mundo real, tan complicado, incomprensible, cruel, injusto y aburrido. El mundo de los sueños no escapa a mi control, en él soy el amo donde hago y deshago a mi arbitrio, me hace libre, me hace dios creador. La realidad, en cambio, se me escurre de las manos y me convierte en su esclavo.

En el cuento donde la protagonista es una plañidera, se utiliza, en unas partes, una escritura ironica. ¿Puede la risa ayudar a decir lo escabroso y lo inaceptable?

Sí, el humor, la ironía e incluso el sarcasmo como su variante más extrema y cruel, son algunas de mis armas preferidas, tanto en la literatura con en la vida real. Con la ironía se puede enfrentar “tangencialmente”, cualquier aspecto de la realidad, de los sentimientos o las sensaciones sin caer en la culpa, es una forma elegante y una fórmula aceptada para nombrar lo que no se puede o debe. El uso del humor nos libera asimismo del dolor y a veces de la terrible conciencia con sus voces interiores, y el sarcasmo nos permite ejercer la crueldad de manera elegante o ingeniosa. Son puertas de escape muy efectivas que calan en el lector.

De sus cuentos salen unos personajes insólitos, casi grotescos, pero, a pesar de la brevedad impuesta por este genero literario, el lector logra imaginárselos perfectamente. ¿Cuál es el truco?

Ignoro si poseo algún truco a la hora de construir un personaje, es posible que la fuerza con la que nace y vive dentro de mí sea el instrumento para darle vida, para hacerlo luminoso con apenas dos pinceladas. Una de las reglas de oro que mantengo en el cuento es evitar las descripciones en general y de los personajes en particular, dejando que el lector concluya el boceto, y para lograrlo estas pinceladas deben ser exactas, las justas y muy precisas; a veces basta una frase que sale de la boca de un personaje para imaginárselo, por ejemplo, si alguno dice de otro: “Lo primero que hizo fue ponerse el ojo de cristal”. No hace falta introducir la palabra tuerto, y la frase es más efectiva, ya no se nos olvidará que es tuerto ni hará falta volver a decirlo y el lector completará el retrato a la perfección. O: “ella era demasiado alta”, el adjetivo demasiado nos está describiendo mucho más que la altura de esta mujer. El lector, además de verla alta, la ve soltera, amargada, fea, etc.