Geboren in Córdoba, Argentinien, lebte lange Zeit in Spanien und lebt nun in Deutschland. Er ist Schriftsteller, Autor von Romanen und Kurzgeschichten, Regisseur und Professor für Film. Seine Geschichten erscheinen regelmäßig in renommierten Zeitschriften, Anthologien und Literaturmagazinen in Spanien, Argentinien, Mexiko, Chile, Peru, Kanada, USA, Italien, Frankreich und Deutschland. Er studierte Bildende Kunst an der Kunsthochschule Emilio Caraffa in Cosquín, Córdoba, Argentinien.

Natural de Córdoba, Argentina, ha vivido en España y actualmente reside en Alemania. Es autor de relatos, novelista, director y profesor de cine. Sus cuentos aparecen habitualmente en prestigiosos periódicos, antologías y revistas literarias de España, Argentina, México, Chile, Perú, Canadá, Estados Unidos, Italia, Francia y Alemania. Ha cursado Bellas Artes en la Escuela de Artes Emilio Caraffa de Cosquín, Córdoba, Argentina.

Norberto Luis Romero is an Argentine, now a citizen of Spain presently living in Germany. He writes a wide range of fiction -from realistic to extreme fantasy. His stories have been published in Spain, Argentine, France, Italy, Canada and the United States. This is his first book-length collection to appear in English. He writes a wide range of fiction- from realistic to extreme fantasy.

Originario di Cordoba (Argentina), risiede in Spagna dal 1975. La sua opera letteraria, che comprende racconti e romanzi, ha ricevuto riconoscimenti per lo stile diretto e agile e per le sue sorprendenti tematiche, mai convenzionali e sempre molto coraggiose.

20.3.13

DEVOCIÓN POR EL MERCURIO




De niño me fascinaba quebrar los termómetros en busca de esa lágrima de plata esquiva, que se escurre entre los dedos, se fragmen­ta en numerosas y minúsculas esferas igualmente inasibles,  y vuelven a fusionarse con un espasmo. Lentamente, con el paso de los días, la lágrima va desgastándose, haciéndose cada vez más exigua hasta desaparecer.
Multitud de veces la hice rodar por el suelo, entre las patas de los muebles, como un frágil insecto deslumbrante que al chocar con un obstáculo soltaba decenas de esporas, que se perdían en los recovecos inaccesibles del entarimado, en sus fisuras oscuras, junto a la pelusa y el polvo acumulados.
Ahora, mi inexplicable debilidad es otra: esta desgana y laxitud que me impide, incluso, empuñar el lápiz en este intento de dejar un breve testimonio. Ya no destruyo el frágil y delgado cilindro de cristal que contiene el mercurio, y que cada noche indica mi debilidad con su misterioso alargamiento capilar. Hace años que poseo este mismo termómetro, que cariñosamente alojo en mi axila izquierda al atardecer, mientras rememoro aquellos días azules, cuando a escondidas hacía rodar la bolita de plata, amparado bajo la enorme y oblonga de la mesa Chippendale, que todavía hoy conservo, y cuyas patas acabadas en garra felina estrangulas una enorme esfera opaca y desgastada.
El azogue de los espejos -a los que ahora rehuyo- posee semejanzas con la pulida superficie metálica del caprichoso mercurio, con su misteriosa capacidad para fragmentarse sin perder por ello su forma primigenia.
También me desvanezco con los días, me voy empeque­ñeciendo poco a poco entre cálidas ensoñaciones en las que evoco la garra aprisionando la bola. Me pregunto si también yo, un día, me fragmentaré en numerosas esferas de plata, si este color ceniciento que patina mis mejillas antes rosadas, se volverá brillante como el azogue, y si mis hijos sentirán de niños esa misma pasión que yo -porque todo de hereda, como la heredé de mi padre, y éste de mi abuelo, muertos prematuramente, débiles y cenicientos.
Cuántas veces coloqué en el cuenco de mi lengua plegada aquel insecto brillante, me extasié en su frescura impalpable y lo dejé rodar luego por mi garganta. A veces, la frialdad del termómetro en mi boca me recuerda esa sensación tan peculiar e infrecuente que tuve el privilegio de experimentar.
Sé que este termómetro que me acompaña fielmente desde hace años señalándome el paulatino avance de mi fin, acabará sus días bajo la codiciosa mirada de mi pequeño hijo, cuyas manos extiende hacia mi axila reclaman­do su herencia con balbuceos. La bola de plata acabará prisionera entre sus dedos, como la esfera de madera en las garras del león; pero intuyo que será por poco tiempo, pues el mercurio, en su desmedido amor por la libertad, acabará huyendo de la pasión de mi hijo, fragmentándose, desvaneciéndose en su boca, igual que se desvanece mi rostro cada mañana en el espejo, en las fisuras oscuras del veneno.