Geboren in Córdoba, Argentinien, lebte lange Zeit in Spanien und lebt nun in Deutschland. Er ist Schriftsteller, Autor von Romanen und Kurzgeschichten, Regisseur und Professor für Film. Seine Geschichten erscheinen regelmäßig in renommierten Zeitschriften, Anthologien und Literaturmagazinen in Spanien, Argentinien, Mexiko, Chile, Peru, Kanada, USA, Italien, Frankreich und Deutschland. Er studierte Bildende Kunst an der Kunsthochschule Emilio Caraffa in Cosquín, Córdoba, Argentinien.

Natural de Córdoba, Argentina, ha vivido en España y actualmente reside en Alemania. Es autor de relatos, novelista, director y profesor de cine. Sus cuentos aparecen habitualmente en prestigiosos periódicos, antologías y revistas literarias de España, Argentina, México, Chile, Perú, Canadá, Estados Unidos, Italia, Francia y Alemania. Ha cursado Bellas Artes en la Escuela de Artes Emilio Caraffa de Cosquín, Córdoba, Argentina.

Norberto Luis Romero is an Argentine, now a citizen of Spain presently living in Germany. He writes a wide range of fiction -from realistic to extreme fantasy. His stories have been published in Spain, Argentine, France, Italy, Canada and the United States. This is his first book-length collection to appear in English. He writes a wide range of fiction- from realistic to extreme fantasy.

Originario di Cordoba (Argentina), risiede in Spagna dal 1975. La sua opera letteraria, che comprende racconti e romanzi, ha ricevuto riconoscimenti per lo stile diretto e agile e per le sue sorprendenti tematiche, mai convenzionali e sempre molto coraggiose.

23.9.12

AGNIESZKA, LA POLACA


Agnieszka se inclina hacia delante, como si mirara el suelo, pero no lo mira porque no mira nada, sólo se inclina por una fuerza inexplicable, un peso que la obliga a doblarse en dos, y como pierde el equilibrio con facilidad porque tiene pies pequeños y planos, cae de bruces. Agnieszka lleva la cabeza llena de moratones y bultos. Dolorida, medio mareada, se dirige cuesta arriba hacia la casa de las avispas. ¿Por qué va tanto Agnieszka a la casa de las avispas camoatí si sabe que pueden picarla?, de hecho, lo hicieron muchas veces y bien que le dolió y anduvo varios días con la cara y las manos inflamadas, enrojecidas. Pero Agnieszka olvida todo a las pocas horas de haber pasado, ella únicamente sabe su nombre y los de quienes fueron sus padres. Ni siquiera sabe cuántos años tiene y un día dice una cifra y al siguiente otra, pero tiene muchos. Ella no era así de niña, había venido con sus padres desde Polonia, era linda y sabía leer y escribir, tenía libros, era normal hasta que sucedió aquello con sus padres, cuando destrozó con un hacha varias colmenas del vecino. Desde entonces Agnieszka se cae y se lastima y también perdió el seso.

Agnieszka es así y nadie la enjuicia, tampoco le hacen caso y no se preocupan por lo que pueda pasarle cuando se cae de bruces, ni cada vez que enfila hacia la casa de las avispas con la bolsa bajo el brazo. Los niños la siguen muertos de risa y haciéndole burlas, cantan improvisadas estrofas casi siempre obscenas, pero ella no los oye o finge no oírlos. Y sube la cuesta hasta llegar a esa vieja casa que se viene abajo y en cuyos aleros carcomidos anidan las avispas camoatí de toda la región, como un lugar de cita o peregrinaje; y cuando llega se dirige al castaño donde tiene apoyada la vara larga. Con ella amenazante entra en el porche de la casa y trepa a la balaustrada, desde donde atiza en lo alto los nidos de cartón de las avispas. Y las insulta en polaco llamándolas asesinas hijas del diablo. A pesar de todo, de sus pocas luces, Agnieszka posee una especial habilidad y a los pocos minutos ha derribado unas cuantas bolas cargadas de miel y cubiertas de indignados insectos. Con la misma vara las destroza a todas menos dos. Lleva la cabeza envuelta en un pañuelo azul mugroso, pero las manos desnudas, blanco certero de aguijones. Agnieszka manotea una mano con otra y se libera de los bichos, aunque ya le han picado y no tardarán en parecerse a unos guantes de goma inflados. Pero ella está feliz, mete en la bolsa de arpillera los dos panales salvados, deja la vara en el árbol y regresa por el mismo camino por el que vino hasta que en la salida del pueblo voltea a la derecha y atraviesa el monte, rumbo al viejo camposanto abandonado. Dicen que apenas quedan tumbas en pie, que más bien son huecos removidos por perros vagabundos, vizcachas o alguna otra alimaña.

Los niños que la siguen y la espían, aseguran que se sienta entre los restos de unas lápidas cubiertas de moho y habla en voz baja, aseguran que repite las mismas palabras que ellos no comprenden porque Agnieszka habla en polaco: edema de glotis. Otros dicen que llora mientras intenta arrancarse de las manos los aguijones. Algunos, que desentierra muertos y rebusca entre los huesos los de sus padres.

Nadie sabe la verdad, nadie entró jamás en el cuadrilátero de chapas y cartones donde vive Agnieszka, rodeada su casucha de restos de colmenas despedazadas diseminados en el monte, si lo hicieran descubrirían dos esqueletos recompuestos, tendidos a lo largo sobre el suelo de tierra: al uno le falta un húmero, los ilíacos y una tibia, al otro una mano completa, escápulas y varias costillas, y a ambos la cabeza, y en su lugar hay dos hermosos panales camoatí, siempre repletos de miel oscura y áspera.