Geboren in Córdoba, Argentinien, lebte lange Zeit in Spanien und lebt nun in Deutschland. Er ist Schriftsteller, Autor von Romanen und Kurzgeschichten, Regisseur und Professor für Film. Seine Geschichten erscheinen regelmäßig in renommierten Zeitschriften, Anthologien und Literaturmagazinen in Spanien, Argentinien, Mexiko, Chile, Peru, Kanada, USA, Italien, Frankreich und Deutschland. Er studierte Bildende Kunst an der Kunsthochschule Emilio Caraffa in Cosquín, Córdoba, Argentinien.

Natural de Córdoba, Argentina, ha vivido en España y actualmente reside en Alemania. Es autor de relatos, novelista, director y profesor de cine. Sus cuentos aparecen habitualmente en prestigiosos periódicos, antologías y revistas literarias de España, Argentina, México, Chile, Perú, Canadá, Estados Unidos, Italia, Francia y Alemania. Ha cursado Bellas Artes en la Escuela de Artes Emilio Caraffa de Cosquín, Córdoba, Argentina.

Norberto Luis Romero is an Argentine, now a citizen of Spain presently living in Germany. He writes a wide range of fiction -from realistic to extreme fantasy. His stories have been published in Spain, Argentine, France, Italy, Canada and the United States. This is his first book-length collection to appear in English. He writes a wide range of fiction- from realistic to extreme fantasy.

Originario di Cordoba (Argentina), risiede in Spagna dal 1975. La sua opera letteraria, che comprende racconti e romanzi, ha ricevuto riconoscimenti per lo stile diretto e agile e per le sue sorprendenti tematiche, mai convenzionali e sempre molto coraggiose.

31.7.11

La costurerita que dio el mal paso

Cuando mis padres se ausentan, robo la llave y entro a la habitación de mi hermana. Está exactamente como la dejó antes de desaparecer en aquel vuelo que jamás llegó a destino. Mi madre apenas entra, se limita a limpiar arreglándoselas para no mover nada de sitio (está tal cual la dejó), después, vuelve a cerrarla y esconde la llave donde siempre. En el ropero está toda su ropa, que le hacía mamá, pero a mí me gusta únicamente su falda escocesa, su pullover rosa de cachemir, sus bragas blancas (sostén no uso), sus calcetines de hilo blanco, sus playeras y mi almohadoncito. Quedo hecho una verdadera yé-yé. Luego bajo a la salita de la plancha, abro la Singer, saco del cajoncito de la derecha mi pedazo de trapo, y coso abajo y arriba, trac trac trac, arriba y abajo, y vuelta a empezar. El vaivén del pedal, con su impulso hacia arriba, tan contundente para caer de inmediato al vertiginoso abismo, me excita, y al cabo de unos cuantos sulfilados me vuelvo loco y no paro hasta cubrir el trapo de costuras y haber consumido la bobina. Me relajo, dejo el pedal y noto mojadas las braguitas. ¡Cerda!, me digo, como mamá le gritaba a ella cuando regresaba tarde y con aquel brillo descarado en los ojos. ¡Cerda!, ¿quién te hizo eso?, vuelvo a recriminarme, y haciendo pucheros, me acaricio la pancita gorda, como lo hacía mi hermana antes de subir al avión hacia la clínica de Londres.

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