8.1.13

EL PUÑAL DE OBSIDIANA



El sol brilló tan solo un instante en la hoja desnuda, un destello tan fuerte y doloroso que cegó al hombre tendido sobre el ara de piedra. Duró una fracción de segundo el destello, que le impidió ver la hoja avanzando hacia su pecho. Luego, la oscuridad fue eterna, y sin dolor alguno.