“Tierra de bárbaros”, la última novela de Norberto Luis Romero, está situada en Argentina en los primeros años del siglo XIX, cuando el país acaba de independizarse de España y existe una pugna soterrada entre federales y unitarios, cada quien secundado por su correspondiente cacique en las provincias y por su respectiva banda de sicarios. Bandas que luchan por hacerse con el poder, a base muchas veces de jugadas traicioneras…
El lector que se enfrente por vez primera a una novela del argentino Norberto Luis Romero encontrará que, aunque en principio parece transitar por una narración al uso, algo hay, sin embargo, al fondo de la historia que se presiente inquietante. No sabría decir, el lector, exactamente qué, pero sin duda existe algo, “ahí abajo”, que está cobrando forma poco a poco.
Al paso de las páginas, muy pronto tendrá ya la plena seguridad de que, pese a que en apariencia todo se mantiene firme, la narración sigue su línea, en cualquier momento, quizás al doblar la siguiente hoja, ocurrirá algo distinto, sucederá lo inexorable, se precipitará los hechos por un camino distinto… y trágico.
Desde su primera novela, “Signos de descomposición”, el argentino Norberto Luis Romero se ha mostrado como un verdadero maestro a la hora de establecer un ritmo “in crescendo” en las narraciones, a la hora de mantener el pulso con una firmeza asombrosa en progresión continua hasta el clímax final.
Gran merito de ella lo tiene la forma en que sabe crear los escenarios de sus novelas: unos ambientes decadentes en los que se da la mano lo más refinado y lo más sórdido de la sociedad, los salones más lujosos y, a unos metros, las cloacas humanas más inmundas, las damiselas vestidas con miriñaques y los monstruos circenses.
Como en sus novelas anteriores, en esta nueva “Tierra de bárbaros” Norberto Luis Romero cumple a la perfección, y desde la primera línea, la que yo creo que es, o debe ser, la máxima irrenunciable de un novelista, como es construir un universo propio y suficiente. Crear un mundo con consistencia literaria e introducir al lector de lleno en él, hacerlo envolvente (y en el caso de Romero, perturbador) y sostener esa ficción sin desmayo.
En el caso de “Tierra de bárbaros”, en un país enajenado, como ya se ha dicho, por las pugnas políticas, todo parece cambiar -desde luego en el ámbito que cubre la novela- cuando un día unas muchachitas ociosas de la buena sociedad de Buenos Aires deciden entretenerse desenterrando una vieja momia india…
Y al abrir la vasija donde estaba contenida la vieja momia, toda esa tensión de pronto estalla, la maldición se materializa, y la novela toma un rumbo sorprendente, inimaginable para el lector por más que anduviera, a estas alturas, ya precavido… La novela pasa a convertirse, ya abiertamente, en un dechado de imaginación, de imágenes impactantes… y, por supuesto, de literatura.
El lector que se enfrente por vez primera a una novela del argentino Norberto Luis Romero encontrará que, aunque en principio parece transitar por una narración al uso, algo hay, sin embargo, al fondo de la historia que se presiente inquietante. No sabría decir, el lector, exactamente qué, pero sin duda existe algo, “ahí abajo”, que está cobrando forma poco a poco.
Al paso de las páginas, muy pronto tendrá ya la plena seguridad de que, pese a que en apariencia todo se mantiene firme, la narración sigue su línea, en cualquier momento, quizás al doblar la siguiente hoja, ocurrirá algo distinto, sucederá lo inexorable, se precipitará los hechos por un camino distinto… y trágico.
Desde su primera novela, “Signos de descomposición”, el argentino Norberto Luis Romero se ha mostrado como un verdadero maestro a la hora de establecer un ritmo “in crescendo” en las narraciones, a la hora de mantener el pulso con una firmeza asombrosa en progresión continua hasta el clímax final.
Gran merito de ella lo tiene la forma en que sabe crear los escenarios de sus novelas: unos ambientes decadentes en los que se da la mano lo más refinado y lo más sórdido de la sociedad, los salones más lujosos y, a unos metros, las cloacas humanas más inmundas, las damiselas vestidas con miriñaques y los monstruos circenses.
Como en sus novelas anteriores, en esta nueva “Tierra de bárbaros” Norberto Luis Romero cumple a la perfección, y desde la primera línea, la que yo creo que es, o debe ser, la máxima irrenunciable de un novelista, como es construir un universo propio y suficiente. Crear un mundo con consistencia literaria e introducir al lector de lleno en él, hacerlo envolvente (y en el caso de Romero, perturbador) y sostener esa ficción sin desmayo.
En el caso de “Tierra de bárbaros”, en un país enajenado, como ya se ha dicho, por las pugnas políticas, todo parece cambiar -desde luego en el ámbito que cubre la novela- cuando un día unas muchachitas ociosas de la buena sociedad de Buenos Aires deciden entretenerse desenterrando una vieja momia india…
Y al abrir la vasija donde estaba contenida la vieja momia, toda esa tensión de pronto estalla, la maldición se materializa, y la novela toma un rumbo sorprendente, inimaginable para el lector por más que anduviera, a estas alturas, ya precavido… La novela pasa a convertirse, ya abiertamente, en un dechado de imaginación, de imágenes impactantes… y, por supuesto, de literatura.









